La plaza de todos: vecinos conversando en una plaza nevada, al estilo de Avercamp

Social

Social viene del latín socialis, "de la compañía", y este de socius, el compañero, el aliado; en el fondo de la raíz está el verbo seguir: lo social empieza cuando alguien sigue a alguien.

Una red social es una red de personas y de los vínculos que las unen. El nombre lo acuñó la sociología: en 1954 el antropólogo J. A. Barnes propuso "red social" para describir la vida de una isla noruega, que no se organizaba en grupos cerrados sino en contactos de persona a persona. Medio siglo después la idea se volvió plataforma: SixDegrees abrió la primera red social en línea en 1997, y detrás vinieron Friendster, MySpace, Facebook y Twitter. Hoy suman más de 5,000 millones de identidades activas, cerca del 70 % de la población del planeta.

Funcionan porque somos animales de compañía: la red amplifica lo que ya pasaba en la plaza —contarse cosas, seguirse, presentarse unos a otros— y lo lleva a escala de mundo. E importan ahora porque la conversación pública pasa por ahí: las noticias, los oficios, las amistades y las comunidades se ganan o se pierden en esas plazas.

Esta sala guarda mapas y notas para vivir en las redes sin perderse: protocolos abiertos, directorios curados y lo que la práctica vaya enseñando.

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